Opinión

Hipotecas UCI: Bochornoso engaño al consumidor inexperto y necesitado

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La pasada semana cayó en mis manos una escritura de préstamo hipotecario firmada entre UCI (Unión de Créditos Inmobiliarios, compañía participada por Banco de Santander y la francesa BNP Paribas), y tengo que confesar, que si bien inicialmente me supuso cierto esfuerzo entender algunas de sus estipulaciones, o más concretamente, su alcance real,  hecho esto, la sensación que obtuve era la de encontrarme ante un bochornoso engaño al cliente, técnicamente inexperto y económicamente necesitado, y además documentado notarialmente.

La referida escritura, si bien no recoge la existencia de cláusula suelo, (ahora el Servicio de Atención al Cliente del Banco de Santander, en un ingenioso regate al despiste, la denomina “Cláusula de Acotación Mínima”), si que contiene otras muchas consideradas abusivas por nuestros Juzgados y Tribunales, como es el caso del vencimiento anticipado, intereses de demora del 18 por ciento, comisiones reclamación posiciones deudoras, gastos formalización, año de 360 días, IRPH pendiente sentencia TJUE, etc.

Pero lo que llama sobremanera la atención de estas escrituras es el particular sistema de amortización de capital, pues no utiliza el sistema habitual, el denominado método francés, que con cuotas fijas o variables, destina parte de las mismas tanto a amortizar capital, como al abono de intereses. Con el sistema tradicional, tras el paso de los años se va aplicando más parte de la cuota a amortizar capital, y en consecuencia, cada vez se abonan menos intereses.

Por su parte, UCI  ha obviado el sistema tradicional y lo ha sustituido por uno propio a la medida de sus intereses, a través del cual, aprovechándose del desconocimiento de los clientes y de sus dificultades familiares, económicas y laborales, ha enmascarado una auténtica trampa financiera, haciéndola pasar por un magnífico remedio a sus ahogos y dificultades.

El sistema de UCI se basa en ofrecer a sus potenciales clientes un préstamo cuya vida se desarrolla en cuatro fases o períodos diferentes denominados “fracción temporal”:

Durante los dos primeros períodos la escritura establece un tipo de interés fijo y el pago de una cuota mensual, pero no se amortiza cantidad alguna, únicamente se abonan intereses, pero aquella no llega a cubrir los intereses pactados.

Mal empezamos, pues si se abonan únicamente intereses, pero estos no llegan a cubrir los intereses devengados conforme a lo pactado, la diferencia se suma al capital, aumentando este, y además produce nuevos intereses.

La consecuencia de ello es que sin, haberlo pactado expresamente, se esta dando en perjuicio del consumidor lo que jurídicamente se denomina anatocismo: Los intereses no pagados se suman al principal para devengar nuevos intereses. Un engaño mayúsculo y vergonzoso, que además se lleva acabo con personas que en la gran mayoría de los casos carecen de conocimiento alguno en  estas materias y que además suelen encontrase en serias dificultades económicas.

UCI capital intereses engaño trampa consumidorDurante el tercer período el prestatario continúa sin amortizar principal un solo euro de capital, y abona una cuota mensual comprensiva únicamente de intereses al tipo pactado para esta “fracción temporal”.

Y llegó el cuarto período, el desastre se ha hecho realidad, pues ahora habrá que amortizar la totalidad del préstamo solicitado, más los intereses devengados en los períodos anteriores y no pagados, más los intereses generados por estos intereses que han incrementado el capital inicial.

En definitiva, el cliente debe más capital que cuando firmó el préstamo muchos años atrás, y ello pese haber pagado religiosamente todas las cuotas pactadas, y además el plazo que le resta de amortización se ha reducido considerablemente. El desenlace para el consumidor no aparenta ser muy halagüeño.

Evidentemente, lo que resulta a todas luces abusivo es que el cliente consumidor desconozca a la firma de la escritura el alcance real de lo que firma. Es preciso que la información suministrada permita al consumidor percibir que se trata de una cláusula que define el objeto principal del contrato, que incide o puede incidir en el contenido de su obligación de pago, y con ello tener un conocimiento real y razonablemente completo de cómo juega, o puede jugar en la economía del contrato, cosa que no sucede en el supuesto tratado.

Se dirá en contra, que el cliente siempre tiene la posibilidad de cambiar su préstamo al sistema normal en cualquiera de los períodos, pero esto es una falacia, pues si aquel  no ha entendido la perversidad que encierra la cláusula a la firma, difícilmente lo hará durante el desarrollo de los tres primeros períodos de bonanza donde no amortiza capital alguno; desgraciadamente, será en la cuarta fracción cuando se percate del engaño, aunque ya será tarde, salvo que los Tribunales de Justicia lo remedien.

Cualquiera que sea su caso, en Álvarez-Hevia Abogados tiene a su disposición a letrados especialistas  en asuntos bancarios, incluidos los préstamos hipotecarios otorgados por UCI, que le asesorarán convenientemente y sin compromiso alguno por su parte;  póngase en contacto con nosotros a través de los teléfonos indicados en nuestra página Web o  del formulario de contacto, no le defraudaremos.

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